Candente el murmurar de los pasos desesperados sobre la acera,
tan semejantes al murmurar de mis dedos sobre las teclas
en su carrera por escribir más rápido que mis pensamientos.
Abrigadas en la tarde gris mis palabras se mueven
rápidamente a tomar el rail de la inspiración,
con su maletín de sonidos, Oliendo el aroma de las rosas o saboreando esos labios que otrora tatuaban el icono de una plegaria encendida en mi nuca.
La sirena de la marcha me remonta al dia que camine contigo la playa junto al muelle,
al aroma de las olas y al graznido de aquellas aves negras que lloraban como mujer en parto.
Y el “enter” se rompe al golpe de mi dedo que reclama,
se cierra la puerta del tren que me lleva solitario en la fría silla,
sostenido del frio tubo, como en la fría mañana, que me levante en el frio cuarto sobre la fría cama, cuando quise ver por la fría ventana y no pude ver sino la niebla de tus frios ojos.
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